Que nadie lo miraba
Aminadab tampoco parecía
y el cerco sosegaba
y la caballería
a vista de las aguas descendía
Y es que la ribera del río
está sembrada de verde vino
en sus altos montes
hasta los confines de la inclinada pendiente
El pueblo y los colonos presurosos
aceleran lo agradable de los trabajos
ahora en lo alto de las cumbres
ahora en la ladera inclinada
compitiendo con el necio griterío
Por aquí el viajero que recorre los caminos de las orillas
por allí el navegante que se desliza
lanzan pullas cantando
a los campesinos retrasados
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...
(...)
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...
Comprendiendo
que él sabe que le quiero
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...
Comprendiendo sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...
Le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...
Tú
que eres ahora
el fresco ornamento del mundo
y el único precursor de la alegre primavera,
sepultas tu satisfacción en tu propio capullo
y, precoz avariento,
despilfarras economizando
Cuando toco mi violín en Dooney
todos bailan como olas sin fin;
mi primo es cura en Kilvarnet
y mi hermano en Mocharabuiee
Dejo atrás a mi hermano y a mi primo
que pasean leyendo su breviario;
mientras yo leo el libro de canciones
que en la feria de Sligo me he comprado
Y cuando el fin de nuestro tiempo venga
y lleguemos a donde se halla Pedro,
saludará a los tres viejos espíritus,
pero de todos me abrirá el primero
Porque los buenos siempre son felices
salvo por el mal azar
y a los felices el violín les gusta
y les gusta bailar
Y cuanto todos me vean,
me rodearán y dirán:
"Aquí está el violinista de Dooney",
y como olas del mar bailarán
Todas las tardes en Granada
todas las tardes se muere un niño.
Todas las tardes el agua se sienta
a conversar con sus amigos.
Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto
Va a hacer diecinueve años
que trabajo para un amo.
Hace diecinueve años que me da la comida
y todavía no he visto su rostro.
No he visto al amo en diecinueve años
pero todos los días yo me miro a mí mismo
y ya voy sabiendo poco a poco
cómo es el rostro de mi amo.
Va a hacer diecinueve años
que salgo de mi casa y hace frío
y luego entro en la suya y me pone una luz
amarilla encima de la cabeza
y todo el día escribo dieciséis
y mil y dos y ya no puedo más
y luego salgo al aire y es de noche
y vuelvo a casa y no puedo vivir
Cuando vea a mi amo le preguntaré
lo que son mil y dieciséis
y por qué me pone una luz encima de la cabeza
Cuando esté un día delante de mi amo,
veré su rostro, miraré su rostro
hasta borrarlo de él y de mí mismo
El mar me dice que hay una presencia
(...)
¿Dudar? Quien duda existe. Sólo morir es ciencia.
Oh, Dios dijo a Abraham, "Sacrifícame un hijo"
Abe dice, "Debes estar tomándome el pelo"
Dios dice, "No". Abe dice, "¿Qué?"
Dios dice, "Puedes hacer lo que quieras, Abe, pero
La próxima vez que me veas llegar más vale que salgas corriendo"
Abe dice, "¿Dónde quieres que cometa el asesinato?"
Dios dice, "Lejos, en la Autopista 61"